martes, 16 de febrero de 2010

capitulo 22




Harold y Paulina llegan a una clínica de las afueras de la ciudad. Ahí está encerrada doña Carmela, la madre de Gabriela. La mujer ya está totalmente recuperada. Al ver a Paulina se sorprende.
--¡tú no eres Gabriela¡ ¿Quién eres?
Paulina se enfrenta a su madre.
--¡No, soy Paulina y tú me vas a decir ahora porque he descubierto que Gabriela es mi hermana...¡
Carmela llora. Se derrumba. Paulina la trata muy feo. Carmela le pide perdón pero Paulina no quiere saber de perdón.
--¡una pordiosera no puede ser mi madre¡
Carmela cuenta como al quedar embarazada de su pareja se enteró que éste estaba casado y que tenía un hijo. Ella se iba a hacer cargo de su bebé pero al ser dos no pudo con la responsabilidad y abandonó a una de sus gemelas con las monjitas. Paulina siente mucho odio hacia esa mujer que la abandonó y usa los remordimientos de Carmela a su favor.
--¡me debes una y harás lo que yo te diga...¡
Paulina pretende llevar a su madre a un centro de belleza, transformarla en una mujer de sociedad y que ella le diga a Augusto que siempre estuvo con sus dos hijas, que jamás estuvo enferma y que Gabriela siempre ha sido una desquiciada. En definitiva apoyar a Paulina.
--¡no me puedes pedir eso¡
--¡me lo debes¡
Carmela llora.
--No puedo ponerme en contra de una de mis hijas.
--¿Pero sí abandonarla? --Paulina.
Sus reproches angustian a la mujer. Entonces Paulina zarandea a la mujer y la amenaza.
--¡mataré a Gabriela si tú no me ayudas...¡ ¡¡Ella se hizo pasar por mí, la puedo mandar a la cárcel¡
--¿donde está mi hija? --llora.
--¡estará bien pero tú me tienes que obedecer¡
Carmela se pone en manos de su malvada hija. Quiere saber exactamente lo que está pasando pero Paulina no le cuenta nada.
--¡tú dedicate a hacer lo que te diga...¡
Carmela se va con Harold y Paulina. Reza para que Dios se apiade de sus hijas. En especial de Gabriela.
--que ella no pague por mis errores --dice para sí.

Días después, en el despacho del comisario se han reunido Gabriela, Paulina, Augusto, Eduardo y el doctor. Augusto mira de reojo a Gabriela.
--¿y si dices la verdad?¿y si eres tú la que me amaste? --dice para sí Augusto.
Augusto trata de averiguar si es verdad que esa mujer es la que le dio una hija. Gabriela se siente segura.
--¡al fin se va a saber la verdad¡
Paulina ríe maléficamente. Llega el doctor. El análisis indica que sí son hermanas. Gabriela se pone como loca. Paulina mira a su hermana con un falso amor:
--el resultado no podía ser otro...
Eduardo abraza con fuerza a su hermano. Augusto tiene sentimientos encontrados. No sabe bien si quería que fuera otra mujer la que estuvo con él. No sabe si es mejor pensar que Paulina es mala y que sólo actuó amorosa por el embarazo o que se enamoró de una usurpadora. Gabriela se pone como loca. Acusa a Paulina de falsificar las pruebas. Paulina se muestra fraternal pero dura.
--¡ya está bien...¡ ¡¡estás enferma... necesitas ayuda...¡
Gabriela se muestra desesperada.
--¡mi madre... mi madre puede decir la verdad..¡ ¡¡Ella la tiene secuestrada, está enferma¡
Aparece Carmela, bien vestida. Bronceada con perfecta salud.
--ya hija, no mientas... Necesitas ayuda...
Las palabras de su madre derrumban a Gabriela.
--¡es que me pueden volver loca...¡
Nadie cree en ella. Gabriela se pone como loca. Se enfrenta a Paulina.
--¡di la verdad... Gabrielita es mi hija¡ ¡Me obligaste a usurpar tu lugar para curar a mamá¡
--No, estás enferma --Paulina.
Carmela no se atreve a mirar a los ojos a Gabriela. El comisario la hace sentar.
--usted se ve perfectamente.
Su hija le ha salvado la vida mintiendo ahora Carmela tiene que mentir para salvar la vida de su hija.
--Estuve de crucero...
Gabriela mira a su madre llorosa:
-¿porqué me haces esto?
--es por tu bien hija... Tu hermana se preocupa por ti.
Carmela se mantiene serena pero está rota por dentro. Gabriela mira a Augusto enloquecida. Le jura que ella es la que lo ama, que Gabrielita es su hija, que se hagan el adn peor ya nadie le hace caso. Augusto ha buscado una clínica privada para internarla.
--tranquila... ahí vas a estar muy bien... te vas a curar... --Augusto compasivo.
Gabriela le suplica a su madre que la ayuda... Carmela mira a Paulina. Paulina se finge cariñosa y besa a su madre mientras susurra:
--sólo serán unos días pero tienes que ser buena...
La mujer se traga sus lágrimas viendo como se llevan a su hija. Augusto se va con su hermano. Se alegra que esa mujer tan desquiciada no sea la madre de su hija. Eduardo es el que maneja.
--¿y ahora qué?
--No sé... supongo que esperar que a Paulina se le pase la depresión post parto o lo que sea que la haya hecho cambiar...
Con una mano en el volante, Eduardo pone su mano muy fraternal en la pierna de su hermano.
--Yo me quedaré unos días aquí... no me iría tranquilo.
Augusto se lo agradece.
--Me gustará pero tienes tu vida en New York no quiero interferir tu vida...
--En el trabajo me debían vacaciones así que me las merezco...
--¿y tu chico? estás con alguien ¿no?
A Augusto le cuesta hablar de esas cosas con su hermano.
--cada uno tiene su espacio --dice.


En la noche, Paulina siente a su esposo lejano. No se puede permitir el lujo de que él la deje. Llega su ropa interior muy sexy. Y con tanga. Es una actitud sensual pero fría, nada que ver con el deseo y el amor que le trasmitía la otra. Augusto cierra los ojos y trata de buscar a la mujer que amó en su esposa. Paulina lo va desnudando. Caen sobre la cama.
--espera, que me pongo condón... ¿o te estás cuidando tú? No es cuestión que te quedes de nuevo embarazada...
Paulina bajo su esposo se muestra inocente:
--sí, tienes razón... tendría que tomar la píldora pero claro... Nunca lo hice como creía que era estéril...
Augusto siente un vuelco en el corazón. Ya no se lo puede seguir negando.
--¡Gabriela dijo la verdad...¡ ¡¡Gabriela dijo la verdad¡ --dice para sí.
Por su rostro Paulina se da cuenta que a su esposo le pasa algo.
--¿todo bien?
Augusto fuerza una sonrisa.
--No nada... claro como eres estéril pues no tomaste pastillas...
--si, claro...
Paulina procura mostrarse tranquila, averiguando si su esposo sospecha algo o no. Augusto no quiere que note que sabe que ha mentido. Se deja dominar por su esposa y fornican. Es tan frio por parte de ambos... es una obligación. Augusto no deja de darle vueltas a lo que está pasando.
--Paulina miente... ella no es la madre de mi hija... ¡no puede ser¡ pero ¿porqué Gabriela niega que sean hermanas? --va pensando mientras penetra a su esposa distantemente.
Paulina jadea fuertemente aunque todo es fingido. Nunca sintió placer al hacerlo con él. Augusto llega a la conclusión que las dos hermanas mienten y eso le duele porque ama a Gabriela. Augusto se relaja después de explotar. Le ha servido de desahogo. Luego se da la vuelta y llora. Piensa en Gabriela. Cuando lo cree dormido, Paulina se levanta.
--es peor amante de lo que pensé... ¡que horror de hombre...¡ ¡¡si no fuera porque está podrido de dinero¡ --dice para sí.
Mientras Paulina busca el amor y la pasión que le ofrece Harold, Augusto irrumpe en la habitación de su hermano. Ya no tiene dudas:
--¡Gabriela es la madre de mi hija¡

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