martes, 16 de febrero de 2010

CAPITULO 20



Paulina quiere dar un beso a Gabriela que la escupe.
-es usted una malagradecida¡ --comisario.
Paulina se hace la victima.
--La entiendo... está enferma... cree que todos la odian cuando yo daría mi vida por ella.
Augusto limpia a su esposa mientras mira a Gabriela con intriga.
--Esa mujer... esa mirada... --va diciendo para sí.
Augusto no quiere aceptar que tal vez Gabriela diga la verdad, que lo engañaron. Vivió momentos felices al lado de la madre de su hija, eso sí lo tiene claro y le dolería mucho saber que Gabriela estaba a su lado porque Paulina la obligó. No estar seguro que lo ama. Mira a esas dos mujeres iguales por fuera. Está aturdido. No logra estar segura de con cual de las dos ha estado el último año. Mira a Paulina.
--tú no me engañarías por otro... ¿verdad? --piensa para sí.
Augusto se lleva las manos a la cabeza.
--te espero fuera...
--si claro... Paulina.
A Gabriela le dan muchos celos ver a su amado con su verdadera esposa pero el dolor por no saber que pasará con ella, si podrá volver a estar con su hija es lo que más la desespera. Paulina le pide al comisario hablar a su solas con "Mi querida hermana". Usa un tono de rin tintín. Paulina quiere hablar con Gabriela, saber cosas de estos últimos meses para evitar caer en alguna trampa. Gabriela no piensa darle una información.
--¡no quiero verte...¡ ¡¡estoy muy loca¡
Entonces empieza a tirar todo por los aires y el comisario ordena que se la lleven. Las dos mujeres se miran desafiantes. Ante el comisario Paulina se muestra amorosa.
--ay que duro tener una hermana loca...¡
El comisario le dice que mandará que la vea un psiquiatra pero, coqueta, Paulina logra que le deje el asunto a ella. Va saliendo y llama por teléfono a Harold. Le cuenta su plan.
--¡ya te diré donde me harán la prueba...¡ ¡¡tienes que falsificarla para que dé que somos hermanas...¡
--sí, tranquila...
Paulina ríe imaginando la cara de Gabriela cuando todos crean que sí son hermanas. Se ríe perversa.
--¡es que soy magnifica¡
Se acerca a Augusto. Pone cara de pena. Llora.
--¡estoy tan mal¡
Augusto no dice nada. No la mira. Arranca el auto.
--¡imbécil¡ --piensa ella.
No se dicen nada en todo el camino. Augusto no hace más que darle vuelta a todo lo que ha pasado en su matrimonio. Sí, parece que sean dos mujeres distintas con las que ha convivido. Le atormenta no poder estar seguro de cuál sea la verdad. Al llegar a la mansión, los hijos mayores de Augusto se tiran en brazos de la pareja al grito de papá y mamá. Paulina fuerza una sonrisa. Gabrielita llora en su dormitorio.
--¿vas tú? --Augusto.
--no, ve tú... Yo me quedo jugando con tus lindos hijitos...
Paulina se muestra cariñosa con Gus y Araceli pero a éstos no les gusta su mirada. Augusto sube las escaleras. Paulina los acaricia a la fuerza. Cuando Augusto ya no está, agarra del brazo a los dos niños y les dice:
--¡que confianzas son esas...? ¡¡yo no soy vuestra madre¡ ¡no tenéis madre, nadie os quiere¡ ¡¡y calladitos o os haré internar si me molestáis...¡
Los niños se van llorando sin entender que está pasando. Paulina no deja de reír. La hija de Gabriela no deja de llorar. Está en el piso de arriba pero el llanto se oye en toda la casa.
--¡que se calle esa niña¡ --Paulina con desprecio.
--es que tiene hambre... --dice una sirvienta sorprendida por el cambio.
--¡pues denle de comer...¡ --Paulina rabiosa.
--es que usted le da el pecho...
Paulina mira a las empleadas como si estuvieran locas.
--¡ni loca que estuviera¡
Augusto baja con la pequeña para que Paulina le dé de mamar. Ante su esposa trata de mostrarse cariñosa con la pequeña pero ésta llora como loca al estar en brazos de esa desconocida. Augusto está muy sorprendido. ¿Una prueba que Gabriela dice la verdad? Está tan aturdido que no sabe qué pensar.
--que raro, contigo nunca lloraba...
Paulina regresa la pequeña a brazos de su padre.
--bueno, así son de caprichosos los bebés...
--le tienes que dar el pecho... --Augusto.
Paulina piensa unos segundos y dice:
--¡se me cortó la leche¡ ¡claro con este disgusto de mi hermana¡¡
Entonces sube al dormitorio. Una de las empleadas más ancianas le dice al angustiado padre que él se hace cargo de la situación. Augusto se lo agradece. Resopla.
--¿no nota extraña a la señora? --pregunta la empleada más joven.
Augusto mira a la chica con cara de chocolate por la noticia y sube al dormitorio. Paulina se está mirando al espejo, se maquilla. Se muestra coqueta. Son cosas que Augusto ya había olvidado de su esposa, ya que nunca la vio comportarse de esa manera. Se tumba en la cama boca abajo.
--estoy molido... ¿porqué no me das un masaje?
Paulina se le ríe:
--¿un masaje? ¿A cuento de qué te voy a dar un masaje?
Augusto se da la vuelta y la mira sorprendido:
--claro... porqué tú nunca me diste un masaje...
--¡ni loca que estuviera¡ ¡A mi me dan masajes, ¿para qué los voy a dar yo? ¡me voy a tomar una copa¡
--¿no que lo habías dejado? --intrigado.
--¡sí pero he vuelto a tomar...¡ ¡con todo esto de mi hermana¡
Paulina se muestra alterada, pero ella misma dice que es por la angustia. Paulina bebe nerviosa.
--tengo que ir con cuidado... no pudo meter la pata... ¿qué hizo esta loca en mi ausencia? ¡Esta todo mal¡
Augusto padre baja en ese momento. Pasa de ella pero Paulina le hace ojitos:
--¿no me vas a decir nada?
Mira a su suegro con mirada lasciva.
--vuelves a ser la misma...? --sorprendido.
--sí... estaba fingiendo... --coqueta.
Él la mira con cara de depravado.
--tengo guardadas joyas lindas que no has querido en estos meses...
--luego subo a buscarla... --dice ella seductora.
Augusto padre se estremece. Alza el brazos en señal de victoria y mira a su nuera con cara de depravado y con ganas de volver a comérsela.

Por su lado, el joven Augusto desnudo ante el espejo. Aturdido:
--¿estuve con otra mujer?
Se acerca a la cunita. Mira a su hija:
--¿quien es tu mamá? Llegaría tan lejos tan mamá, dejarse embarazar si no era nada suyo...
Recuerda las palabras de ella cuando supe que le cambió las pastillas: Espero que no me reproches...
--¡era Gabriela...¡
Sus ojos se llenan de lágrimas...
--¿y por qué se acostó conmigo sin conocerme? ¡¡Es una mujerzuela¡
La idea que Gabriela estuviera jugando con él le hace más daño que el hecho que Paulina vuelva a ser mala. Prefiere no indagar más. La verdad le asusta.



capitulo 19



Augusto se ha quedado muy sorprendido al conocer de la existencia de una hermana de Paulina. Le pide a una sirvienta que se lleve a su niña y que cuando lleguen sus hijos no los deje entrar en el salón. Paulina hasta llora:
--a saber que les contó... Mi hermana está muy enferma y cuando yo la quiero poner en tratamiento huye... ¡hasta se cambió el apellido y dice que no es mi hermana...¡ ¡¡es capaz de decir yo que sé que locura¡¡
Paulina finge que llora abrazada a su esposo. El comisario ve a Paulina tan segura de sí misma que no podría poner en duda que ella es la que dice la verdad.
--La señora Gabriela, que es así como se llama...
Augusto mira al comisario sorprendido:
--¿Gabriela?
Paulina está abrazada a su esposo. Se muestra cariñosa.
--Es mi hermana gemela... la pobre me hace sufrir tanto... Supe que tuvo un hijo al que abandonó por negro y que recientemente perdió una niña que se iba a llamar Gabriela... Era mi sobrina por eso lo quise poner a mi hijita Gabriela...
Paulina llora y su versión suena creible.
--Será por eso que la señora Gabriela cree que la hija de ustedes es hija de ella...
--¿¿como? --Augusto sorprendido.
Paulina sigue fingiendo que llora.
--¡pobrecita... que loca está¡
Paulina se hace la sufrida, que no soporta escuchar lo mal que está su hermana pero el comisario les cuenta todo lo que les ha dicho:
--Que se encontraron por casualidad, que usted le hizo chantaje para irse con su amante a cambio de dar dinero para curar a su madre, que durante un año ella fingió ser la esposa del señor y que le dio una hija...
Augusto está tan sorprendido que no es capaz de decir nada. Y Paulina llora y llora.
--¡mi pobre hermana... enloqueció...¡
Paulina mira a su esposo:
--Yo lo amo tanto... jamás me iría con otro... y a nuestra mamita no le pasa nada... Se la pasa de crucero en crucero... ¡Es que a mi hermana le encanta mentir y lo peor es que ella misma se cree sus mentiras¡
Aunque Paulina le dice que no es necesario, Augusto quiere ir a comisaria.
--es tu hermana, quiero conocerla...
Al comisario también le parece una buena idea enfrentarlos a los tres. Paulina confía que Gabriela pierda los nervios y así poder hacerla pasar por una desquiciada. Augusto y Paulina siguen al comisario en su auto. Las palabras de amor de Paulina suenan tan huecas.
--¿y si fuera verdad?¿y si otra hubiera ocupado su lugar? –piensa Augusto.
Por un lado le hubiera gustado que en serio fueran dos y que por eso todo fue distinto con la otra pero en caso que eso fuera verdad, su amada le mintió, se hizo pasar por otra. Piensa en lo feliz que fue en los últimos meses y le duele pensar que esa mujer le haya mentido. Y Paulina que no hace sino llorar.
--¿porqué nunca me dijiste que tienes una hermana? Tampoco nunca me hablaste de tu mamá...
Paulina se hace la victima.
--Mamá siempre la prefirió a ella y eso que es de lo peor... me daba pena... ¡está loca...¡ Me da pena decirlo pero se lo merece. Abandonó a su hijo recién nacido porque era negro pero en seguida se quedó embarazada de uno de sus muchos amantes, recién perdió a su hijo y enloqueció...
--pero ¿decir que usurpó tu lugar?¿no es como demasiado?
--así es ella... No sé un día le enseñé una foto tuya y quedó obsesionada... Nunca nos veíamos pero yo la llamaba y me preguntaba por ti, quería saber cosas de nuestra intimidad. No sé tal vez quería prepararse para decir que ha tenido una hija tuya...
Paulina se muestra tan atormentada que es imposible no creer en ella.

Gabriela, como si fuera una delincuente, es llevada al despacho del comisario. Ahí la esperan Paulina y Augusto. El impacto para el hombre es brutal ya que no las puede distinguir. Trata de escuchar a su corazón, de averiguar cual de las dos mientes pero Paulina se muestra frivola pero serena y Gabriela está enloquecida. Se tira sobre Augusto.
--¡mi amor, mi amor...¡ ¡¡mi hija... no me van a quitar a mi hija¡
Paulina sonríe disimuladamente. Así es como quería que se comportara. Augusto se aparta de ella. la mira con compasión. Ahora cree en su esposa cuando le asegura que su hermana está mal de la cabeza. Paulina se abraza a su hermana fingiendo alegria.
--¡hermana... que alegría verte¡ ¡¡me tenias preocupada¡
Gabriela no da crédito a lo que oye. Se pone como loca.
--¡mi hija... dame a mi hija...¡
Paulina se muestra compasiva.
--tu hijita murió... Gabrielita es la hija que tuvimos mi esposo y yo...
Gabriela está viviendo un horror. Se muestra enloquecida. Da un empujón a Paulina. La llama mentirosa. Gabriela no se da cuenta que con su comportamiento desquilibrado lo que hace es ayudar a Paulina que se hace la victima.
--necesitas ayud, hermana... pero yo te voy a cuidar... ¿qué ha sido de tu vida en este año?
Gabriela no puede mostrarse tranquila cuando nadie está creyendo en ella. Con desesperación dice la verdad. Una verdad que todos ignoran.
-¡¡-no, no somos hermanas... ¡Ella me obligó a ocupar su lugar... Yo era la que he estado en esta casado por casi un año¡
Gabriela mira a los ojos a su amado:
--Augusto yo soy la mujer que amas...
le repite todo lo que recién le ha dicho cuando él hablaba por teléfono con su empresa. Augusto está desconcertado. No, no puede ser que lo hayan engañado pero por otro lado... es tan extraño el cambio de Paulina. Ésta no deja que Gabriela se acerca a su esposo
--¡no seas teatrera hermana que recién te lo conté yo¡
Gabriela llora desespera.
--¡te juro por mi vida que digo la verdad... Ella tiene un amante... yo soy la que te amo...¡
Augusto boquiabierto. El comisario no dice nada pero ha tomado partido por Paulina, Gabriela le parece una desquiciada. Paulina la escucha con un falso llanto, como si le doliera lo mal que está su supuesta hermana. Gabriela exige ver a su hija.
--¡,mi niña sabrá que su madre soy yo¡
Paulina no se puede someter a esa prueba. Odia a los niños, con ella lloraría y con Gabriela callaría. Se delataría. Augusto siente pena de esa joven que asegura que lo ama y que estuvo con él. Paulina se muestra la compasiva, la que quiere ayudar a su hermana. Mira a Augusto y dice:
--Yo la veo muy mal, creo que deberíamos internarla...
Gabriela se quiere tirar encima de ella:
--¡no me vas a quitar a mi hija¡
Pero el comisario agarra a Gabriela y la esposa a la mesa. La policia no la cree y eso la desespera. Paulina hace que llora aferrada a ese esposo que detesta:
--pobre loca... pero mi hermana, por eso mi hija lleva su nombre...
Gabriela se pone como loca, trata de soltarse sin lograrlo.
--¡mi niña lleva mi nombre, mi identidad...¡
Augusto no la cree y eso la angustia mucho.
--¡puedo demostrar lo que digo... no somos hermanas... la conocí y me obligó a usurpar su lugar a cambio de ayudar a mi mamá...¡
Entonces Augusto pide las pruebas de ADN para las dos hermanas
--así se sabrá quien miente...
Al comisario le parece bien pero mientras se aclare todo Gabriela queda prisa. Gabriela le suplica a Augusto.
--¡no me separes de mi hija...¡¡¡llevame con ella..¡ ¡¡no me dejes aquí¡
A Augusto le parte el alma ver a la joven tan mal.
--No la podemos dejar aquí...
--claro que no... tenemos que buscar una clinica mental... ocupate tú...
Gabriela se desespera al ver como su amado habla de internarla.

capitulo 18



Paulina entra en la mansión con el bebé que no deja de llorar. Se acerca una chica de servicio, la que se acostó con Harold.
--Paulina, ¿qué pasó?
Paulina bofetea a la joven.
--¿¿pero quien te ha dado permiso para tratarme como si fuera una amiga?
La empleada está sorprendida.
--pues tú, siempre me dijiste que éramos amigas...
Paulina lo vuelve a bofetear.
--¡mentirosa... no somos iguales...¡
Señalando al bebé que no deja de llorar.
--¡y ya a ver si haces callar a esta niña¡
--pero si usted siempre se ocupa de su hija... --la empleada está muy sorprendida.
--¡pues ahora no...¡
Paulina sube las escaleras. Se encierra en el cuarto.
--¡ahora me tocará arreglar todas las tonterías que hizo esa estúpida¡
Paulina lleva doble ropa, la suya y de la Gabriela.
--que mal combina los colores esa loca... No aprendió nada de mi...
Pero para no llamar la atención se pone la misma ropa con la que salió Gabriela. Paulina vuelve a sorprender a los empleados pidiendo las llaves del auto, ya se habían desacostumbrado a que la señora manejara su auto. Se para ante la casa. Hace una señal a su amante para que vigile que Gabriela no regrese. Paulina sorprende a su esposo yéndole a buscar a la oficina.
--mi amor, ¡que sorpresa¡
Él la besa y ella se finge cariñosa. Augusto no entiende porque la besa y no siente amor.
--¿te sientes bien? No sé te noto rara...
--Tú si que eres raro...
Paulina le muestra pasión pero es una pasión fingida y él no se siente deseado. no sabe que pasa pero dentro de él se da cuenta que no es la misma persona que dejó en la mañana.
--¿y nuestra niña?
Augusto está sorprendido. Le sorprende que Paulina llegue manejando, que haya dejado sola a la niña. Ella se muestra cariñosa pero un cariño frío. No tiene la calidez a la que él está acostumbrado.
--es que quería estar a solas contigo... ¿vamos a comer?
--¿y los niños? Están a punto de salir de la escuela...
Paulina no entiende cual es el problema. No sabe que Gabriela era quien los llevaba y los traía de ida y vuelta.
--¿y qué? hay muchos empleados en la casa...
Paulina se vuelve a mostrar frívola como en los primeros tiempos de su matrimonio. Augusto espera que sea sólo pasajero, no le gustaría que su esposa volviera a ser la de antes.
--es que me muero por ver a mi niña... Ya la echo de menos... No puedo estar un segundo separada de ella...
A Paulina le molesta mucho la cara de tierno de su esposo.
--¡viejo baboso, que asco¡ ¡¡si no fuera porque está podrido de dinero que se lo quede la estúpida esa...¡ ¡¡pero no... para que sea su estúpida familia quien se gaste su dinero me lo gasto yo...¡ --piensa ella mientras se muestra cariñosa
Augusto no sabe qué ha cambiado pero no nota sincera a su esposa. Cada uno se va en su auto.

Gabriela ha recuperado el conocimiento. Se encuentra desnuda y llena de basura. Sobretodo sin su hija. Empieza a gritar. Harold ha llamado a la policia que en seguida se hace cargo de la mujer. La mujer está desesperada.
--¡mi hijo... me robaron a mi hijo...¡ ¡¡Soy la señora Paulina de Vico... vivo ahí detrás...¡ ¡¡llamen a mi esposo...¡
La policia trata de calmarla.
--en comisaria pone la denuncia y nos explica todo...
Gabriela está tan desesperada porque cree que le han robado a su hija que no piensa en nada. En comisaria le dan una bata. Le piden que se identifique y ella da los datos de Paulina.
--le tendremos que tomar sus huellas para comprobar su identidad...
Gabriela entonces es cuando se da cuenta que está descubierta pero lo que más le preocupa es su hija. No se opone porque está segura que Augusto la sacará de ese lío.
--¡por favor, tengo que hablar con mi esposo...¡
Le dejan llamar a su casa. La atiende el ama de llama.
--¿señora Paulina, qué le pasó? --pregunta al verla tan desesperada.
--¡estoy en comisaria, me asaltaron, me robaron a mi niña¡
Gabriela cree que está viviendo una pesadilla cuando la empleada le dice:
--pero señora... si la niña está durmiendo, usted la trajo y después se fue a comer con el señor ¿de qué habla?
--¡yo me fui a pasear con mi niña y me encontré tirada en el piso, sin ropa y sin mi niña¡
--¡usted vino, trató bien feo a mi sobrina, dejó a la niña y se fue con su esposo¡
A Gabriela se le cae el teléfono.
--Paulina...
Gabriela está desesperada. Se ha quedado sin habla. El comisario agarra el teléfono.
--¿ustedes han perdido a un bebé?
El comisario, al descubrir que la bebé está en la mansión, piensa que la joven que está con él miente. Se enfrenta a la joven.
--¿¿quien es usted?
Gabriela se da cuenta que llegó el momento de decir la verdad. Entonces le habla de Paulina, de su parecido con ella, de que se hizo pasar por ella, que tuvo una hija con el esposo de ésta. El comisario la escucha sorprendido.
--¿me está usted reconociendo que ha usurpado la identidad de la señora Paulina Vico?
--Si pero...
El comisario no escucha más peros. La detienen de inmediato. Mientras la llevan al calabozo, Gabriela suplica:
--¡mi hija... que me devuelvan a mi hija...¡ ¡¡hablen con Paulina, ella les confirmará que no es la madre de mi hija...¡
El comisario le asegura que abrirá una investigación. Mientras Gabriela queda en la celda. Se aferra a los barrotes. Cae al piso retorciéndose de dolor. Siempre temió el día en que llegara Paulina pero con su hija en brazos estaba segura que se podría aclarar todo y que en todo caso ella saldría de la mansión pero con su hija. En cambio ella está presa y su hija está en la mansión y la verdadera Paulina ha vuelto al lugar que por ley le corresponde. Gabriela llora y llora pensando en los momentos felices con Augusto y su hija. Momentos que ya han acabado. Trata de calmarse. Está segura que Paulina le devolverá a su hija. Ella detesta a los niños.
--¿porqué iba a querer a mi hija?

Cada uno en su auto, Paulina y Augusto llegan a la mansión. Al asegurarse que está sola, Harold llama a Paulina. Le cuenta que la policia se llevó a Gabriela.
--es que siempre fue una estúpida...
Ya tenía pensado lo que iba a decir y se va preparando todo lo que tenía pensando decir. Paulina abraza a su esposo, se muestra muy lujuriosa pero Augusto sólo ve frialdad en ella. Augusto corre a ver a su hijita. La besa con cariño.
--te he echado de menos...
La empleada que ha tomado el teléfono se dirige a Paulina:
--¡señora... que preocupada me tenía...¡ ¡¡que raro todo lo que me dijo por teléfono...¡
Paulina deja claro que ella no la ha llamado. La empleada se queda confundida. No dice nada porque llaman al timbre. En seguida abre y entra la policia. El comisario se queda mirando a Paulina.
--es increible... el parecido...
--¿qué parecido? --Augusto que no entiende nada.
--Es que en comisaria tenemos una joven idéntica a su esposa, que de hecho dice que durante casi un año ocupó el lugar de su esposa y que le han robado a su hija...
Augusto, con su bebita en brazos, mira a Paulina boquiabierto. Como si estuviera preocupada y emocionada, Paulina dice:
--esa es mi hermana gemela... ¡¡estaba tan preocupada por ella...¡ ¡Hace como un año que no la veo¡ ¡Recién hablé con ella, me dijo que estaba lejos¡

capitulo 17



Harold se ha acostado con una de las chicas de servicio de Augusto y Paulina. La joven mira al negro con interés.
--¿nos volveremos a ver?
Él es muy coqueto.
--es que me voy de viaje...
A la joven le preocupa que:
--No digas nada de lo que te he contado de mis señores...
Harold le guiña el ojo. Sonríe para que se confíe:
--si tampoco me has contado nada...
Cuando la joven se va, Harold se ríe.
--Ay que ver con que facilidad las mujeres se bajan las bragas y te cuentan todo...
Luego se mira al espejo y se sonríe:
--¡es que nadie se te resiste¡
Se siente muy orgulloso del encanto que despierta en las mujeres.
Harold llama a Paulina a su celular. La joven está tomando el sol en la playa.
--ya era hora, me tenías preocupada.
Harold sabe cómo hablarle para que no se enoje. Le cuenta que si ha tenido un accidente, que ha estado muy grave. Paulina se angustia pero Harold le dice que todo está bien.
--¿y qué has averiguado?
--Augusto está muy feliz en su matrimonio contigo... No sospecha que eres otra... Todos en la casa piensan que la que está es Paulina.
Paulina se ríe:
--¡es que soy brillante...¡ Ya que me ha salido tan bien cada vez que me harte de ese imbécil acudiré a Gabrielita...
Paulina no deja de real.
--la tal Gabriela ha dado una sorpresa... --Harold.
Como no la han descubierto, Paulina no piensa que sea nada importante. Con desprecio le dice:
--¿esa esa idota...?
Y como no sabe como decirle le suelta de golpe:
--¡es mamá...¡
Después del primer momento de shock luego se enfurece:
--¡debí vigiliarla... ¿¿pero quien iba a pensar que se iba a pasar de lista? ¡claro vio todo el dinero de mi marido y se quiso quedar con él¡
--y ahora qué pasa...
--Averiguar las cosas...Saber si he sido yo la que he tenido un hijo y de ser así por defender a mi marido y a mi hijito... –dice con sarcasmo.
--ya hice unas llamadas, legalmente es tu hijo. Gabriela no ha tenido un hijo, tú sí...
los dos se ríen.
--me gusta esto de tener un hijo del imbécil de Augusto sin haber parido... No tener un hijo es lo único que ponía en peligro mi matrimonio así que ahora nos deshacemos de Gabriela y yo vuelvo con mi familia...
Los amantes están muy contentos por lo bien que les han salido las cosas.
--Seguro que mi maridito me va a regalar todo lo que yo le pida a cambio de esa hija tan bella que le he dado --Paulina con ironía.
--Por cierto, tu hijita se llama Gabriela...
Paulina no deja de reír victoriosa:
--¡esa imbécil creía que me iba a quitar a mi marido y yo le voy a quitar a su hija...¡
--Su hija no... Ante la ley es hija tuya... A ella le va a costar demostrar que es la madre... eso si lo logra...
--Y yo puedo hacer creer a todo el mundo que es una pobre loca...
Los amantes venga a reir mientras ultiman los detalles del nuevo plan. Paulina les ordena que vigile a Gabriela mientras ella regresa de inmediato.

En la noche, Virginia duerme en brazos de Adrián. Como casi siempre se han ido a dormir enfadados porque ella no ha querido hacer el amor con él. Ahora más que nunca. Se levanta en plena madrugada. Harold sonríe a verla.
--es que no puedo vivir sin ti...
Hacen el amor y luego le dice a Virginia que es casado:
--si quieres volver a verme me tendrás que avisar...
Virginia se siente mal. No sabe que le está pasando.
--¡no volveré¡
Y se va sofocada. Harold sigue divertido.
--volverás y aceptarás lo que yo quiera...
Virginia se siente avergonzada por su infidelidad pero no puede dejar de pensar en Harold. Trata de olvidarlo centrándose en su hijo pero no sabe porque no hace sino ver a Harold en el rostro de su hijo.





Tres dias después, Gabriela le está cambiando los pañales a su hijita. Augusto está en boxers. Discute con uno de sus empleados.
--No, claro que no. Dije que quería las próximas semanas libres para disfrutar de mis hijos.
Le dicen a Augusto que el cliente no firma si no lo habla con él.
--¡que, no, que no puede ser¡
Gabriela ya ha cambiado a la niña. Con ella en brazos, se acerca a su amado y le saca el teléfono.
--Mi esposo viene en seguida...
Ya le sale muy natural decir su esposo. Es tan fácil amar a ese hombre y ahora con una hija en común siente que todo está a su favor. Augusto mira a su falsa esposa con fastidio:
--mi amor, pero te prometí que me iba a quedar contigo...
Gabriela le calla con un beso:
--pero te necesitan...
Augusto se da por vencido:
--voy y vengo...
--aquí te espero...
Se miran coquetos. Se besan una y otra vez. Él se hace el remolón.
--No me quiero ir...
--cuanto antes te vayas antes volverás...
Se besan enamorados. Entonces él se viste de prisa.
--No me tardo...
--aprovechando que los niños están en la escuela me irá a dar una vuelta con la niña...
--pero que te acompañe una de las chicas de servicio.
Gabriela le sonríe. Le gusta que sea tan protector, que se preocupe tanto.
--pero no seas tan exagerado... la urbanización es muy tranquila, no me alejaré...
Augusto se abrocha los pantalones. Luego la abraza:
--cuidate...
Augusto le hace mimitos a su hija y se despide de la que cree su esposa. Se despiden con la idea de verse en un rato. Escondidos tras unas matas, Harold y Paulina espian la casa. Ven salir a Augusto. Paulina mira a su esposo con desprecio.
--¡es más horrible de lo que me pensaba...¡ ¡¡mira que cara de idiota...¡ ¡¡es que es tal para cual con la inútil de Gabriela¡
Los dos se ríen. Harold la mira seductor.
--Es que en la cama tú necesitas un macho como yo...
Paulina casi se deja llevar por el deseo pero resiste.
--¡tenemos que entrar...¡
Pero no hace falta. Sale Gabriela, sola y con la niña. Paulina sonríe.
--¡ni planeado nos sale la cosa tan bien¡
Sin saber del peligro que está corriendo, Gabriela cruza una esquina. Harold se tira sobre ella, le da un empujón. La joven se golpea la cabeza y pierde el conocimiento. Harold vigila que no pase nadie. Paulina le quita la ropa a Gabriela. Se la pone encima de la suya y se va con el bebé que no deja de llorar. Entra en la mansión como si volviera de un paseo. Harold cubre el cuerpo de Gabriela con el contenido de cubos de basura que están en esa calle.

capitulo 16




Tom registra al bebé de Virginia con el nombre de Eduardo. Está siempre cerca del pequeño. Sentado en una butaca. Echándole un ojo. Recién tiene el certificado del Registro Civil con el nombre de su pequeño Eduardo Sanz. Se emociona por el hecho que ese pequeño lleva el nombre de su gran amor. Ese bebé nació por culpa de ellos dos.
--es como si fuera hijo de los dos...
Ana llega en ese momento. De negro. Muy triste. Arranca a Tom el certificado de sus manos. Se molesta al ver que le ha puesto Eduardo.
--¡me parece de mal gusto¡ ¡no debiste ponerle ese nombre sin consultarme¡ ¡¡Es mi nieto¡
Tom se levanta. Defenderá que su hijo se llame Eduardo con uñas y dientes si es preciso.
--¡Es mi hijo...¡
--¡No, no lo es¡ ¡A mi no me engañaron...¡
Tom apoya su mano en el vidrio tras el cual está el pequeño.
--Sí, es mi hijo.
Ese pequeño es el único consuelo de Ana.
--Sea como sea, el bebe vivirá conmigo...
--¡claro que no¡
Ana se lo quiere quitar pero él se lo queda.
--¡tú no eres capaz de cuidar a un bebé¡
--¡es mi hijo¡
Ana no tiene ganas de discutir pero no se va por vencida.
--Esto no se quedará así...
Tom se queda mirando al pequeño. Le parece que le sonríe. Mira a su hijo con mucho cariño.
--así no estaré solo...
Todo él se estremece. Su cuerpo lo siente. Eduardo, su Eduardo acaba de llegar. El hermano de Augusto iba a entrar directamente a la habitación de su supuesta cuñada pero al ver a Tom que lo mira se acerca a él. Lo saluda amable. Tom lo mira como si fuera un sueño.
--cuanto tiempo...
Tom siente que el corazón se le va a salir por la garganta. Eduardo se acerca a los cristales. Mira a los bebés.
--¿cual es?
Tom se lo señala:
--Se lleva Eduardo... como tú...
--¿porqué lo hiciste?¿porqué hacerte cargo de ese bebé? --Eduardo sorprendido.
Tom ve a Eduardo más bello que nunca. Lo ama tanto.
--porque fue culpa nuestra... Además me recordaba a ti...
--si pero... ahora... ¿qué harás? No sé a la hora de ligar, tal vez...
Tom no lo deja seguir:
--Estoy sólo... Si no eres tú no quiero estar con ningun hombre...
Eduardo le rasca la cabeza.
--Yo... no sé que decir... --balbucea.
Tom mira a Eduardo con desesperación:
--¡me voy contigo...¡ ¡¡podemos ser felices juntos¡
--Nos la pasamos bien pero ahora que ya todos lo saben...
--¡No, lo sabían dos personas ¡¡y están muertas¡
Tom habla con desesperación.
--¡¡también lo sabe tu hermano¡
Eduardo le acaricia y dice:
--no podemos ser felices sobre el cadaver de tu madre y tu esposa
Tom se aferra a él:
--te amo... ¡no me importa nada¡
Eduardo se aparta de él:
--Lo siento... Yo no siento lo mismo. Yo conocí a alguien... Estoy viviendo con un chico en New York.
Eduardo va a la habitación. Los dos hermanos se funden en un abrazo. Tom se ha quedado mal. Augusto sale de la habitación y se acerca a él. Tom lo abraza.
--¡no me quiere... Eduardo no me quiere¡
--no hagas las cosas más dificiles... Por favor... No quiero que mi hermano se aleje de mi por ti...¡

Dos dias después, Harold ha llegado ya a la ciudad. Está cansado del viaje.
--me doy una ducha fría y luego a ver que averiguo...
Paulina le ha dejado varios mensajes en el celular. Tiene prisas por saber si todo está bien pero Harold no le contesta.
--¿qué va a pasar? Esa idiota no es capaz de dar una sorpresa y menos arriesgaría a su madrecita... --dice riendo mientras se va desnudando.
Se da una buena ducha. Recorre su desnudo cuerpo de jabón y agua mientras piensa travieso:
--¿y si me divierto antes aprovechando que estoy soltero?
Se viste con cara de depravado. Se pone su mejor perfume.
--con esto soy irresistible... ¡cualquiera va a caer¡
Se mira al espejo. Le gusta lo que ve. Sale a comerse el mundo. Baja al parking. Después de tantos meses sin usarla confía que su moto funcione. Le cuesta que arranque pero lo hace. Va a mucha velocidad. Le encanta manejar. En un paso de peatones casi atropella a una mujer.
--¡¡¡vaya con cuidado, loco¡
Por la voz parece joven. Harold se retiene. Es Virginia. Él la conoce, ella no. Sonríe travieso. Se saca el casco. Baja de la moto.
--perdona preciosa...
Virginia ha quedado muy impresionada por esos ojos. Le recuerdan a alguien.
--¡¡eres tú... eres tú¡
Harold sonrie coqueto:
--¿soy quien?
Virginia siente una atracción que no puede controlar.
-el hombre de mis sueños...
Harold le guiña el ojo. Es muy caballeroso con ella.
--¿te vienes a pasear?
Suben en la moto. Virginia está totalmente embriagada. Harold la lleva a su apartamento. Se besan, se desnudan.
--Yo nunca hice esto --jadea ella.
Él la mira divertido.
--no me digas que eres virgen...
Virginia está asustada de lo que está sintiendo pero ni ella misma se puede controlar.
--No... hasta ahora sólo he estado con otro hombre... --jadea ella.
Harold se muestra desnudo:
--después de estar conmigo no probarás otra cosa --dice coqueto.
Virginia se derrite en brazos del atractivo amante de Paulina. A Harold le excita mucho acostarse con esa joven sin que ésta sepa que él es el verdadero padre de su hijo adoptivo.


Gabriela es dada de alta. Sale de la clínica feliz con su amado al lado. Augusto es muy amoroso con ella. En la casa los esperan los niños. Tanto Gus como Araceli quieren tomar en brazos al pequeño.
--No, mejor no --dice Augusto.
Gabriela deja que la ayuden. Suben todos al dormitorio. Sobre la cama permite que los hijos de su marido tomen en brazos a su pequeño. Augusto observa la escena con una profunda felicidad.
--venga... ahora dejad descansar a vuestra mamá... --dice Augusto.
Los pequeños besan a Gabriela, luego a Augusto. Ambos responden con cariño. Augusto acaricia la cabeza a sus pequeños mientras los dejan solos. Gabriela sentada en una butaca se dispone a dar el pecho a su hija. Augusto se sienta en la cama.
--Ver a una madre dar el pecho a su hijo es lo más hermoso y natural de la vida... --dice Augusto emocionado mientras contempla a Gabriela.
Gabriela se ocupa de amamantar a su hija mientras mira muy enamorada a Augusto. Cuando acaba, Augusto se acerca a él.
--deja que lo acueste yo...
Gabriela, con mucho amor, deja a su hija en brazos de Augusto.
--ven mi vida... ves con papá... --dice Gabriela dulcemente.
Augusto llora. Se siente un papá primerizo. Es su primer hijo fruto de un amor tan intenso como el que siente con la que cree Paulina. Augusto mira a su hijita con mucho cariño.
--hola, soy papá... y te quiero mucho.
Muy amorosamente, Augusto deja a la pequeña en la cunita que han colocado al lado de la cama del supuesto matrimonio. La pareja se mira muy enamorados y se abraza.
--después de creer que no podrías ser madre es un milagro ver a nuestra hija en esta cunita...
Gabriela lo mira a él. Mira a Gabrielita.
--desde luego... es un milagro --dice ella para sí.
Gabriela piensa en Paulina, en como se conocieron, en la propuesta que le hice. Jamás pensó que nueve meses después será madre, que iba a hacer papá a ese hombre del que al principio tuve mala impresión.
--¿qué pensaría Paulina cuando sepa que tengo un hijo de su marido? --piensa.
Sabe que no se lo va a tomar, obviamente bien, que no va a se fácil pero no quiere pensar en eso. Desea disfrutar de su amado... por si acaso. Augusto también tiene culpas que ocultar:
--¿y si le cuento lo que hice? No la puedo seguir engañando... --piensa para sí.
Son tan felices con la pequeña que Augusto no cree que vaya a cambiar las cosas que le diga o no que le cambió las pastillas anticonceptivas y por eso han sido padres.

Después del placer, Virginia está llena de remordimientos. Se viste con culpa. No se atreve a mirar a Harold que está desnudo en la cama.
--¿¿como he podido hacer esto?
Harold sonríe excitado:
--Tranquila, le pasa a todas. Ninguna se me resiste.
Virginia está muy sofocada.
--¡por favor estoy casada... que esto no se sepa...¡
Harold se levanta de la cama. Desnudo va hacia la cocina mientras dice:
--si claro... no pasa nada... será nuestro secreto...
Virginia se va sofocada. Harold se queda riendo.
--bueno, es lo menos que podia hacer... ya que tiene un hijo mío pues que me la haya tirado una vez...
Virginia no le interesa pero le excita la situación. Virginia no sabe cómo mirar a la cara a Adrián. A penas hacen el amor, él nota el rechazo de ella y eso ha causado tensión. Por eso Adrián no se ha despedido de ella cuando ha tenido que salir por unos dias de viaje de trabajo. Virginia se ducha, se toma varias tilas pero no puede dejar de pensar en Harold. Mira a su hijo y ve a Harold. Tiene su olor en su piel. Hace una maleta. Deja al niño con su madre.
--si alguien de la familia de mi marido te llame di que se nos murió alguien...
Virginia no da más explicaciones y se presenta con una maleta en casa de Harold.
--¿y ahora tú..?
Asustada pero excitada, Virginia se lanza a sus brazos:
--unos dias... luego lo olvidamos...
Harold le guiña el ojo:
--te dije que si me pruebas no me podrás dejar...
Virginia hasta ahora sólo habia conocido un hombre. No sabe que le ha pasado con Harold pero no puede dejarlo. Él se siente orgulloso de haber seducido a la mujer tan fácilmente. Piensa que espiar a Gabriela no es tan importante, que puede esperar. De momento quiere disfrutar de esa chica que se le está ofreciendo de una manera intensa. Por unos días, Virginia le da vacaciones al cerebro y se olvida de todo. Una mañana, cuando Harold despierta ya no la encuentra. Se viste y sale a buscar a Gabriela. Paulina lo ha estado llamando desesperadamente pero no le preocupa. Se siente orgulloso de ser irresistible a las mujeres. Sabe cómo dominarla.

Gabriela y Augusto se están duchando juntos. Se besan, el ardor del uno salta al otro. Se desatan las pasiones. Gabriela desea hacer el amor. Es la primera vez que siente deseo de sexo desde que diera a luz días atrás. Augusto ha esperado paciente y ya tenía ganas. Van hacia la cama, es delicado pero él no quiere tener sexo con su supuesta esposa sin aclarar las cosas antes.
--¿estás tomando otra vez las pastillas, no?
Gabriela se para de golpe.
--¿qué dices?
Se cubre con la sábana. Augusto no la quiere engañar. Sonríe travieso y dice:
--No te voy a hacer preguntas pero vi que tomabas la píldora y te las cambié por vitaminas...
Gabriela se lleva las manos a la cabeza. No deja de gritar, de insultarlo. Está decepcionada. Sabe que no tiene derecho a hacerse la ofendida cuando ella lo está engañando pero es que siempre le preocupó que él la acusara de haberse embarazado para retenerlo cuando se supiera la verdad y ahora resulta que no fue porque ella hiciera algo malo. Augusto pone cara de bueno:
--tan grave fue lo que te hice?
--¡y te parece poco...¡ --molesta.
--si me porté como una bestia... --tierno-- ¡¡pero mira que felices nos ha hecho nuestra hija¡
--¡no tenias derecho...¡
--se que te daba miedo ser madre pero... ¿¿no es lo mejor que nos ha pasado?¿
A él le duele el reproche en los ojos de ella.
--No me esperaba esto de ti... --decepcionada.
--tú también me engañaste... --con un tierno reproche.
Gabriela lo bofetea. Augusto entiende que esté molesta. Él de entrada también se enojó pero ahora está feliz. Se muestra cariñoso, trata de arrancarle la sábana. Él sigue desnudo. Augusto quiere hacer el amor. Ella no quiere y a él le duele...
--no sabes lo que has hecho... espero que nunca me lo vayas a echar en cara...
él no entiende el reproche de ella.
--¿eres mi esposa? ¿qué tiene de malo que haya querido tener un hijo tuyo?
Definitivamente no puede hablar. Lo mejor es esperar a aclarar las cosas junto a Paulina. Augusto mira preocupado a Gabriela.
--No me digas que vas a dejar de quererme por esto...
Gabriela pone las manos en la mejilla de su amado:
--Yo nunca voy a dejar de quererte y espero que no seas tú el que vayas a dejar de quererme...
--que tonterías dificiles...
Augusto la besa, la sábana cae al piso y van cayendo sobre la cama. Ha sido una pequeña nube pasajera. Se aman demasiado para estar enojados el uno con el otro. Gabriela confia en que pase lo mismo el día que le cuente la verdad a Augusto.

Esa misma tarde, el falso matrimonio sale a pasear con los niños. Harold los está siguiendo. Le sorprende ver a la pareja tan enamorada y lo que más sorprende: ¡con un bebé¡
--A Paulina no le va a gustar nada esto --pienso.
Harold ve a los niños llamando papá y mamá a Augusto y a Gabriela y hablando de la hermanita...

capitulo 15




Gabriela está en quirófano.
--¡empuja, mi amor...¡ ¡¡empuja¡
Augusto la tiene agarra de la mano. A veces la besa en la frente para darle ánimas.
--un último esfuerzo... ¡ya está... ya¡ ¡¡muy bien, mi amor, muy bien¡
Una robusto y hermosa niña llora en brazos del doctor.
--¡es una nena¡ --dice Augusto ilusionado.
Gabriela mira a su amado, mira a esa pequeña. Ha hecho las cosas mal ha usurpado un lugar que no le corresponde pero esa hija la une para siempre con el hombre que ama.
--se llamará Gabriela --dice la joven emocionada.
Es supuestamente Paulina la que está pariendo pero no. Ella es Gabriela y así quiere dejarlo claro en el nombre de su hija. Augusto no pide explicaciones. En sus dos anteriores hijos siempre él ha elegido el nombre, el suyo para su único hijo varón y el de su madre para su hijita. Es lo justo que ahora sea la supuesta Paulina quien lo elija. No se opone. Mira a la pequeña con lágrimas en los ojos.
--bienvenida al mundo, hijita... Bienvenida al mundo... Gabriela...
Augusto no le saca los ojos a esas dos mujeres que tanto quiere: la que cree su esposa y a su nueva hijita. Augusto no le suelta la mano a su amada. Está muy pendiente de él. El doctor deja un momento a la pequeña en el pecho de su madre. Gabriela llora.
--es nuestra hija... ¡es nuestra hija¡ --llora ella.
La joven está conmocionada. Es madre, se ha convertido en madre. Le ha parido un hijo al único hombre que ha amado en su vida, al único hombre con el que ha estado. Mira a esa pequeña y se emociona al saber que es una parte de ella y de Augusto, que lleva la sangre de ambos. Augusto besa a su hijta en la frente y luego a su amada.
--te quiero mucho, hijita...
Y luego a Gabriela.
--te amo...
Augusto mira a su hija con lágrimas en los ojos.
--es un milagro... es un milagro...
Augusto es todo un padrazo y cuando se casó por tercera vez no había otra cosa que deseara más como ser papá. Al fin ese tercer hijo tan deseado ha llegado y llega en el mejor momento, en un momento de plena felicidad, cuando más enamorado está de su esposa, cuando siente que al fin ella lo ama tanto como él, cuando él la ama como a ninguna otra, cuando él la ama más de lo que la amó al principio de su matrimonio. Augusto mira a la pequeña con todo su amor de padre.
--mi pequeña princesa, ya te quise sin conocerte y ahora eres mi vida... Desde ahora voy a vivir para que seas feliz...
Gabriela llora de emoción. Aquí no hay engaño. Augusto es el padre de esa hija. Se siente feliz. Además la felicidad que ve reflejada en los ojos de su amado por algo que no es mentira, por esa hija que los une para siempre la hace dichosa. La enfermera se lleva a la pequeña.
--en un rato la podrán tener de nuevo...
Gabriela es llevada a su habitación, Augusto siempre a su lado. Se sienta en un borde de la cama. La mira enamorado:
--gracias por hacerme el hombre más feliz del universo...
Augusto más que nunca se siente un hombre pleno, dichoso. ya no se puede pedir más a la vida. Toma la mano de la que cree su esposa y la besa:
--la separacion fue dura pero bueno... desde que volviste me di cuenta que te amo... ¡que nos amamos¡
Gabriela está feliz, Augusto la ama, la ama a ella.
--¡te amo tanto... soy tan feliz¡ --dice ella.
Augusto la besa muy cariñoso. Gabriela cierra un momento los ojos. Está feliz, pero cansada. Augusto le acaricia los cabellos. Está muy pendiente de ella.
--¿como estás? ¿te duele?
Con los ojos cerrado, Gabriela sonríe débilmente. Augusto la besa en la frente.
--Voy a llamar a casa, que le digan a los niños que tienen una hermanita... En la tarde te los traeré...
Augusto no puede ser más feliz. Deja a su supuesta esposa descansando. No sólo llama a su padre:
--¡enhorabuena, abuelo¡
Le da la noticia y le pide que se lo diga a sus hijos mayores. Sino que además baja a la floristería para regalarle flores a su esposa. Con el ramo en la mano antes de entrar en la habitación se pasa por el nido. Ahí ve a su hijo. También se acerca Tom. Muy emocionado Augusto le señala a la bebé:
--¡mira, mi hija¡
Tom le señala un niño:
--ha sido niño... Se llama Eduardo...
Augusto no sabe si felicitarlo, lo abraza.
--¿como estás?
--¿y tu hermano?¿va a venir?
--me prometió que sí...
Tom siente que su corazón se le va a salir del pecho. Augusto es muy cariñoso con él:
--pero me dijo que será sólo un momento para conocer a mi bebé... Aún no he hablado con él pero no te hagas ilusiones...
Tom ya se las ha hecho.
--¿y los tios?
Tom sólo está pendiente de pensar en Eduardo y de ese bebé que lleva su nombre.
--¿no sabes que Daniela murió?
Augusto sufre una fuerte conmoción pero no quiere que su esposa se dé cuenta. Entra con el ramo.
--¿¡donde está la madre más bella?¡
Gabriela huele el ramo feliz. Enseguida les traen a la pequeña. Gabriela se la lleva al pecho y la pequeña se agarra con ganas ante la atenta mirada de sus padres.

Al día siguiente, en la más estricta intimidad, Ana y Manuel entierran a su hija. Están destrozados. La mujer de negro. LLora de rodillas. Grita de dolor. No entiende porque la vida se ceba en ella. Su hermanas y ahora su hija,
--¿¿qué mal he cometido?¿¿qué?
La mujer no tiene consuelo. Manuel está detrás de ella. Deshecho pero apoyando a su esposa. Adrián llora a su hermana en brazos de su esposa. Augusto también está muy triste, su padre está a su lado.

Al rato, Augusto olvida la tristeza y se presenta en la habitación de su falsa esposa con un centro de flores. Gabriela, con su hija en brazos, está rodeada de flores.
--¿más flores? Ya me has mandado suficiente...
Él le guiña el ojo, sonríe enamorado. La besa.
--nada es suficiente para agradecerte lo feliz que me haces...
Augusto está muy contento. Muestra a su esposa el libro de familia:
--Ya registré a nuestra Gabriela...
Gabriela no habia pensado en eso. Le angustia ver a su hija registrada con el apellido de Paulina.
--¿Pasa algo mi amor...? --pregunta Augusto tierno.
Gabriela se pone nerviosa al ver el nombre de Paulina como madre de su hija. Es el momento de hablar pero tiene tanto miedo.
--una vez llegue Paulina pues las dos frente a frente aclaramos las cosas, si Augusto se quiere quedar con ella pues yo me voy con mi hija... --dice ella para sí.
Aunque está convencida que Augusto a quien ama es a ella, tiene miedo que no la perdone, que la eche de su vida. Aún quedan unas semanas para que se cumpla el año. No ha sabido nada de Paulina así que lo mejor piensa ella es espera y aprovechar al máximo los días de felicidad que le queden junto a su gran amor.

Sin sospechar que su esposo ha sido padre, Paulina vive la gran vida al lado de Harold. Se encuentran de crucero. Ella mira hacia el mar. Harold va hacia ella en bañador. Es muy guapo y ella está loca por él.
--¡mi negro...¡ ¡¡como me gustas¡ --jadea.
Harold le guiña el ojo y la besa con orgulla.
--lástima que no tengas ni un peso.
Harold le guiña el ojo:
--para eso está tu marido.
Paulina ha pensando algo.
--llevamos demasiado tiempo fuera, he pensando que vayas a mi casa... a asegurarte que todo va bien con esa estúpida...

Capitulo 14




La Familia al completo se han reunido en la clínica para leer el resultado de la prueba de paternidad realizada a Eduardo con el hijo que espera Daniela. La joven está apoyada con sus padres y su hermano.
--¡espero que cuando se demuestre que tú eres el padre te cases conmigo¡ --le dice ella victoriosa a Eduardo.
Eduardo está apoyado en su hermano.
--La prueba va a decir que no...
A Daniela le sorprende la seguridad con la que lo dice.
--No es posible... ¿como puedes estar tan seguro?
--Porqué jamás tuvimos nada... ¡jamás¡
Daniela va a discutir con él pero sus padres le retienen.
--No merece la pena, ahora se sabrá la verdad --Ana.
Daniela sonríe. Mira con deseo a Eduardo. Sí, su madre tiene razón. La prueba demostrará que Eduardo es su macho y estarán juntos siempre. Ese tiene muy contento a la joven. Tom está con los presentes. Quiere ver la cara de Daniela cuando se descubra que no está embarazada de Eduardo. Tom mira a la joven con desprecio y dice para sí:
--¡te vas a quedar con las ganas de acostarte con mi chico, guarra¡
--¡no sé que haces aquí... --Raquel a Tom.
--¡pues lo mismo que todos los demás¡ --dice Tom defendiendo sus derechos y molesto porque es su propia madre la que lo quiere marginar siempre de todo.
LLega el doctor, se lee la prueba. Augusto abraza a su hermano por los hombros. Tom y Eduardo se miran de reojo con complicidad. No, es un no rotundo. Daniela se pone como loca.
--¡no es verdad...¡ ¡¡no es verdad...¡ ¡¡Eduardo es el único hombre con el que he hecho el amor...¡
Sus padres la regañan:
--¡ya no digas más tonterías¡
Ana y Manuel le piden disculpas a Eduardo. Tom tiene que hacer un esfuerzo por ocultar su alegría. Mueve un poco el puño en señal de victoria. Augusto abraza a su hermano contento.
--¡me alegro que todo haya salido bien...¡
Los dos hermanos se van juntos seguidos de Tom. Daniela está como loca.
--¡no se puede ir, él es el padre de mi hijo¡
Manuel bofetea a su hija.
--¡di la verdad...¡ ¿quien te montó esa barriga?
Daniela siente que está viviendo una pesadilla. Sale corriendo. Su madre quiere ir tras ella pero entre Adrián y Manuel la convencen para que la dejen sola. Daniela se enfrenta a Eduardo que marcha abrazado a su hermano por los hombros y seguidos de Tom. La chica se enfrenta a Tom y a Eduardo:
--¡vosotros hicisteis algo a la prueba para que diera que no... ¡Eduardo fue mio... se acostó conmigo para que no dijera que sois amantes¡
Esto causa una fuerte impresión en Augusto:
--¿¿¿qué?¡
También en Raquel. La mujer se estaba acercando pero no la habían visto. Se queda escondida tras una esquina en donde escucha lo que pasa pero no la ven. Raquel, de la impresión, sufre una punzada en el alma. Le cuesta respirar. Augusto no da crédito a lo que oye.
--¡ya digan la verdad...¡ ¿quien es el padre de ese bebé?
Eduardo mira a Tom.
--dilo... ya todo da igual...
Eduardo se queda angustiado. No quería que nadie supiera de su secreto. Se siente avergonzado por la mirada de su hermano. Acepta que sea gay pero ¿con su primo? Eso ya lo ve demasiado. Tom está asustado, teme que Eduardo se aleje de él. Confiesa que le hizo creer a Daniela que se acostó con Eduardo pero en realidad era un profesional al que pagó. Daniela se lleva las manos al vientre. Le da horror pensar que está embarazada y de un desconocido. Augusto mira a Tom y a su hermano con reproche:
--¿¿quien es el padre de ese bebé?
Eduardo hace gesto de yo no sé nada. Tom es el que cuenta:
--No lo sé, saqué el número de un periodico pero ahora no tengo ni idea de como localizarlo...
Augusto resopla. Daniela llora.
--¡Me tienes que cumplir¡ --le exige a Eduardo.
Eduardo se queda al margen. Tom se mete.
--¡fue culpa de ella... nos hizo chantaje, queria acostarse con Eduardo¡
--¡eso no es verdad... me sedujo, me dijo que me quería...¡ --Daniela.
--¡Mentirosa, Eduardo me quiere a mí¡ --Tom.
Eduardo acaba dejando el hospital mientras que Tom y Daniela se disponen a pelearse por él. Augusto no sabe qué hacer. De pronto Raquel se desploma en el piso. Tom corre a socorrer a su madre.
--¡no respira, no respira...¡
Se asusta mucho. La abraza. La zarandea.
--¡MAMA¡¡MAMA¡
Está horrorizado. Daniela mira con una cierta sonrisa.
--te lo mereces murmura...
Augusto mira con pena a su primo..

La muerte de su madre llena de dolor a Tom. Se siente más solo que nunca. Sólo la presencia de lejos de Eduardo lo consuela. Ana está destrozada.
--¡me dejaron sola...¡ ¡¡me dejaron sola¡
llora mientras los restos de su hermana son sepultados junto a los de su hermana mayor, la madre de Augusto. Ana está apoyada por su esposo que está al lado de ella. Adrián junto a su esposa del otro lado. Augusto llora triste, le duele la pérdida de su tía y además le remueve el dolor por la muerte de su madre. Gabriela está abrazada a él. Lo besa por donde pasan sus lágrimas. Es muy dulce con él y él la responde apretándola con fuerza. Eduardo está detrás de ellos. Tom quisiera que se le acerca, que lo abrazara pero Eduardo no lo hace. No quiere que hablen de ellos. Poco a poco todos se van yendo. Augusto es el único que le da un fuerte abrazo a su primo.
--ven, vente conmigo.
Pero Tom prefiere quedarse solo ante la tumba de su madre. Cuando ya se ha quedado solo. oye unos pasos.
--sabía que no te irías sin decirme nada... --dice Tom emocionado.
Eduardo está detrás de él. Tom se gira y lo abraza.
--¡suerte que te tengo a ti...¡ --Tom aferrándose a él con desesperación.
--Me voy... --Eduardo distante y apartándose de él.
Esto es toda una puñalada para Tom:
--¡no me puedes hacer esto¡
--Daniela les va a decir a todos que soy maricon... No quiero que en mi trabajo lo sepan... Me voy lejos, donde Daniela no me encuentre.
Tom quiere abrazarlo:
--¡Yo me voy contigo¡
Pero Tom lo rechaza:
--No, esto no debió empezar nunca...
Eduardo se va sin mirar atrás. Eduardo cae de rodillas frente la sepultura aullando de dolor. Lleno de rabia llega a casa de Daniela que está sola ya que Ana y su esposo se han ido con Adrián.
--qué haces aquí? --sorprendida.
Tomás habla desde la rabia.
--¿te quieres casar conmigo?

Augusto se derrumba en el sofá, Gabriela lo abraza. Augusto llora abrazado a Gabriela...
--no sé que haría sin ti... y sin nuestro bebé... --dice él acariciándola dulcemente.
Gabriela sólo tiene una palabra para decirle:
--Te amo...

Tom está solo en su apartamento. Tumbado en la cama, abrazado a su almohada. Pensando en Eduardo. A su lado en la mesita de noche una foto de su amante.
--¿porqué me tuviste que dejar?
Mira la foto con tristeza y deseo. Y También amor.
--¿no me quisiste o no creiste en mi amor?
Eduardo es el único que siempre lo ha apoyado, que siempre ha estado con él. Ni su propia madre llegó a apoyarlo frente a la familia. Siente que sintió discriminado por ser hijo de madre soltera. Nunca se vio aceptado por la familia. Integrado en ella. Eduardo era su mundo y ahora su mundo se ha roto. Le sorprende ver que llaman a la puerta cuando nadie lo visita. Su corazón da un vuelvo.
--¿será él?
Abre con esa ilusión aunque es consciente que Eduardo tiene llaves y que nunca llama. Augusto nota la decepción de su primo.
--¿esperabas a alguien?
Tom se derrumba y llora. Augusto lo abraza muy fraternal.
--¿qué te pasa?
Augusto cierra la puerta con la pierna, mientras va acercando a su primo al sofá. Se sientan juntos. Es muy cariñoso con él.
--¿estás bien?¿quieres que te prepare algo?
Tom mira a su primo con ojos llorosos y le dice:
--¿como quieres que esté bien?
Augusto lo besa cariñosamente. Ante el sofá hay una pequeña mesa-revistero con fotos de Eduardo.
--¿es por él o por tu mamá?
La huida de Eduardo ha opacado la muerte de su mamá pero eso es algo que no se atreve a decir.
--¿y que sabes de él?
Augusto le sonríe. Le acaricia muy fraternal.
--Está bien pero quiere estar solo...
--¿y no sabes dónde está?
A Augusto le duele tener que decir eso pero:
--No quiere que te lo diga...
Tom no puede evitar llorar. Augusto le acaricia la mejilla fraternal.
--pero he venido a otra cosa... No me lo podía creer cuando la tia Ana me lo dijo... ¿te casas con Daniela?
Augusto está muy sorprendido. Tom no dice nada.
--pero ¿porqué?
Tom no sabe bien porque explicarse. De entrada se dejó llevar por la rabia pero:
--No sé, ella es lo más cercano a Eduardo que puedo tener... Ella lo ama y bueno, yo fui el responsable de ese embarazo...
Augusto está tan feliz al lado de la supuesta Paulina que no puede concebir un matrimonio en esas circunstancias. Le habla a Tom como le hablaría a su hermano.
--no te cases... el matrimonio con amor es lo más maravilloso que hay... No te cierres esa puerta.
--Eduardo es mi amor... sin él no me interesa nada --dice Tom muy triste.
Augusto no deja de acariciarlo, de hablarle fraternalmente.
--Es una locura... No van a ser felices...
Pero Tom sólo piensa en Eduardo...
--ojalá fuera su hijo...
--lo amas en serio?
--si.
Augusto lo abraza con mucho cariño:
--piensa en mi como si fuera tu hermano... cuenta conmigo para lo que quieras...
A Augusto le duele ver a Tom tan vencido, que le da todo igual.
--¿vamos a tomar algo?
Pero Tom no quiere salir. Augusto se despide de él con un beso.
--sobretodo si necesitas algo de mi, hablar o lo que sea... no dudes en llamarme a la hora que sea. Yo también lo hecho de menos.
Augusto abraza de nuevo a un ausente Tom y acaba yéndose.

Gabriela, por su lado, está tejiendo unos patucos para el bebé que está por nacer. Augusto padre no da crédito a lo que ve.
--¿hasta cuando vas a seguir jugando a la esposa decente?
Gabriela se sobresalta. Guarda las cosas. Se levanta.
--¿¡usted otra vez? ¡¡hasta cuando le voy a decir que no me interesa nada de usted¡
--en la cama no me decías esto --dice él con cara de depravado.
Gabriela lo bofetea.
--¡respecte que estoy embarazada¡
Augusto agarra a la mujer del brazo:
--¡si tú no te has respectado nunca no pidas que lo hagamos los demás...¡
Gabriela forcejea por él.
--¡que me suelte¡
--¡estoy teniendo mucha paciencia pero se me está acabando... vas a ser mía quieras o no...¡
Augusto la va a besar a la fuerza pero Gabriela le da un rodillazo en las partes sensibles. Augusto se retuerce del dolor y de la rabia.
--¡me las vas a pagar... te juro que me las pagas¡
Augusto sale de la mansión cojeando y con las manos ahí. Ese hombre es un peligro constante para su falso matrimonio y eso es algo que le preocupa mucho. Entra en la habitación, se desnuda. Se da una relajante ducha y se olvida de todo. Al rato alguien entra en la habitación sigilosamente. Al escuchar que la mujer está en la ducha va hacía ahí y se va quitando la ropa. Mira a la mujer con cara de depravado. Quiere sorprenderla y por eso entra poco a poco. Gabriela se sobresalta al ver que alguien abre la puerta de la mampara. El guapo Augusto se sorprende de la reacción de su supuesta esposa.
--¿tan feo soy? --dice con ironía.
Gabriela lo mira con deseo.
--sabes que no... es que me asustaste es que yo...
Gabriela no dice nada, le sonríe y se besan mientras él entra en la ducha. Cierra los cristales y se rinde a la pasión. En la tarde, Gabriela y Augusto como un matrimonio feliz y enamorado va a hacer compras para el bebé. Los acompaña los hijos de Augusto. Cada niño de la mano de uno de sus padres. Augusto siente que no puede ser más dichoso, tiene lo que siempre ha deseado. Él y Gabriela se miran con mucho amor, con mucha complicidad.

Varios meses después... A media mañana, Augusto llega corriendo a la mansión.
--¡¡mi hijo...¡¿¿qué pasó?¿dónde está mi hijo?
Gabriela ha roto aguas. Está con la canastilla esperando a su esposo.
--Aún hay tiempo para llegar al hospital...
Augusto se mueve mucho.
--¿¿estás bien?¿qué hago?¿seguro que estás bien?
Gabriela le mira con cariño:
--oye que tú ya has tenido dos hijos, la primeriza soy yo...
Augusto no puede con sus nervios.
--¡papá... voy a ser papá¡
Siente como si fuera la primera vez que tiene un hijo. Llegan al hospital. Ella tiene fuertes contracciones. Augusto entra con ella tomada de la mano.
--respira, mi amor, respira...
Se sorprende al encontrarse con parte de la familia. Y es que Daniela también está de parto.

Al cabo de un rato, Adrián está con sus tíos. Oyen que hay dos parturientas de la misma familia pero que una de ellas ha muerto.